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El libro del olvido (Poemas)

El tema de este ejercicio poético no es otro que el renacer, por enésima vez, de la hermosa contradicción amor-odio, que tiñe con color púrpura la piel desgajada del poeta. GFH

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© El libro del olvido
© Germán Farías Harris
Diseño de portada: Delvis Figueroa
Ilustración de portada y contraportada:
Los no damnificados, de José Luis Reyes.
Acrílico sobre tela. 1996
Foto del autor: Jenny Farías
ISBN: 9798874291341
Montaje electrónico: José Javier León
Editorial Urgente
Enero, 2024

Detrás del olvido existe un amor extraviado.
Detrás de este, un significado de piedra.

 Introito
 

El amor, como el resto de las actividades humanas, lleva en su interior un mar de inequidades y contradicciones. No existe paraje afectivo que no contenga en su interior el amargo sabor de las desventuras. No cuenta la edad de las décadas tiernas ni el cansancio de los años avanzados para detectar el eterno papel de las incomprensiones. La inocencia no basta para hacerse exento de culpas, ni la extenuada experiencia de los cabellos canos no exceptúa de tan cruel predicación. El ser humano es sempiterno suicida del amor. Es la mejor forma de definir la cotidianidad afectiva amalgamada con la eterna condición contradictoria del hombre (y/o mujer) en materia amorosa. Ama a quien supone corresponde con la superficial percepción de un sentimiento fatuo o enfermizo.
 

Deja de amar a quien verdaderamente nos ama en legítima correspondencia, y con generosa demostración. Para algunos (o algunas) el amor se torna en aventura que puede trascender o sucumbir a la tercera cita. Puede ser la más encarnizada competencia que al llegar la batalla final, triunfadora, se hace inútil y se deshecha como trasto viejo. Cuando el sentimiento es superficial su vigencia se transforma en material perecedero que acaba en la morgue del olvido.
 


No existe ruptura sin dolor. Todo rompimiento constituye el parto doloroso que pudiera desembocar en demencias momentáneas o permanentes, depresiones fugaces, intrigas y frustraciones. Depende del nivel de compromiso afectivo. Depende del grado sentimental que corroe el corazón. No obstante, si la bifurcación del camino viene acompañada de falsedades, de deslealtades, de alteraciones inventadas, de medias mentiras y medias verdades, la realidad se hace tormenta.
 

En materia sentimental el hombre está en crisis, como el resto de su existencia. El ser humano anda desvariando y con los vidrios rotos en su pecho. Todo lo que se dice en pareja puede ser mentira. Las promesas simples motivos de conversación que pueden desaparecer con desparpajo y crueldad. Las palabras son frágiles e insignificantes. Vive el hombre (y mujer) desconfiando de su sombra y aterrado por la incertidumbre de su pasado, presente y futuro. Los fantasmas del pasado alumbran el camino timorato del presente. La infancia no vigilada adecuadamente, no orientada oportunamente, es el filo que deshila el presente y hace padecer a priori las angustias del futuro. El presente, “asesino de la historia”, ha propuesto el resurgimiento de “nuevos” valores, principios y alternativas vinculadas al beneficio del Dios mercado, a la síntesis del valor humano en el egoísmo material, la grandeza de la fama económica, profesional, académica, etc.
 

La sociedad actual está montada sobre una carga explosiva de odio que bien puede ser el germen de la nueva comunidad humana cuyo núcleo sería la nada. El tema de este ejercicio poético no es otro que el renacer, por enésima vez, de la hermosa contradicción amor-odio, que tiñe con color púrpura la piel desgajada del poeta.


Germán Elías Farías Harris.

Nació en Maracaibo el 8 de agosto de 1946. Licenciado en educación, mención ciencias sociales (Luz, 1971), escritor (poeta narrador y ensayista) y profesor universitario. Docente de educación diversificada y dirigente deportivo de las pequeñas ligas universitarias, con curso de posgrado en perfeccionamiento docente en desarrollo económico (Luz, 1973), además de otros cursos en la misma casa de estudios. Su obra escrita está plena de su preocupación social, con una visión realista y comprometida con el mundo marginal de los desposeídos, pero con un enfoque artístico y un lenguaje correcto. Ha obtenido el primer premio de ensayo del concurso literario de la Dirección de Cultura de La Universidad del Zulia 1978 y la tercera mención en el primer concurso del Cuento Zuliano del Bicentenario del general Rafael Urdaneta. Ha sido miembro del comité directivo de Problemática, secretario ejecutivo del comité de solidaridad con los pueblos, secretario general del Instituto Venezolano Cubano de la Amistad (1998), coordinador de cultura del núcleo de la costa Oriental del Lago de La Universidad del Zulia 1993 y tesorero de la asociación de escritores del Zulia.

Tomado del Diccionario General del Zulia.




(Ensayo) La idea de la unidad de Nuestra América en la Carta de Jamaica

Hacer clic en la portada para descargar el PDF  

© La idea de la unidad de Nuestra América
en la Carta de Jamaica
© Carmen Bohórquez
Foto de portada: Jesús Madueño
Foto de la autora: Audio Cepeda.

Depósito Legal: ZU2020000156
ISBN: 978-980-18-1317-0
 

La primera edición del artículo apareció en La Carta de Jamaica
en el Siglo XXI. Aproximaciones críticas a un documento
bicentenario, publicado por el Centro Nacional
de Historia, Caracas, 2016, pp. 63-69.

 

Editorial Urgente
www.editorialurgente.com
editorialurgente@gmail.com

Carmen Bohórquez

Licenciada en Filosofía, egresada de La Universidad del Zulia. Cursó la maestría
en Filosofía en la Universidad de Michigan en los EE. UU. y el doctorado en Historia en la universidad La Sorbona, de París. Profesora emérita titular de La Universidad del Zulia y profesora visitante en universidades de Cuba y Salvador. Fue directora de la Escuela de Filosofía de LUZ y coordinó el programa de Maestría en Filosofía. Formó parte de la Comisión Presidencial para la Conmemoración del Bicentenario de la Expedición Revolucionaria de Francisco de Miranda. Desde 2011 durante cuatro años fue Diputada a la Asamblea Nacional de Venezuela. Fue Coordinadora de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad desde su creación en 2005 hasta el 2017. Ha publicado varios libros en el campo de la filosofía y la historia, entre los que destaca Francisco de Miranda. Precursor de las Independencias de América Latina. Fue distinguida con la orden Francisco de Miranda, en su Primera Clase, otorgada por la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela y la orden Jesús Enrique Lossada, en su Primera Clase.

 


Las obras (fotográficas y pictóricas) fueron expuestas en La Estancia: "Bolívar Imagen y Símbolo Emancipador" (pintura, escultura e instalación) y "Nuestro Bolívar de Cada Día" (fotografía). Octubre 2011.



Por 
José Javier León
Entendemos mejor el dolor que la gloria. En el dolor -humano definitivamente- podemos pensar; en la gloria no; la gloria es irracional; sólo nos es dado admirarla; vería desde lejos, e inalcanzable; ver la gloria -siempre ajena- nos deja sin palabras; nos vuelve cosas y como cosas, insensibles. ¿No nos sembraron el culto a la gloria, las fiestas patrias de la oligarquía?
La gloria es un placer extático. Pasmo, súbito y fugaz. El dolor en cambio, y la tristeza son la certeza del cuerpo en el tiempo, su peso en el mundo. Sabemos por el dolor que estamos vivos. Y si la memoria está viva es precisamente porque duele.

Cuando la historia se convierte en memoria gana cuerpo y presencia. La memoria es el pasado vuelto presente, dolor encarnado; la historia, en cambio, vuelve el tiempo puro espacio. La memoria torna cuerpo el pasado, lo hace tangible, palpable, sensible. La historia no tiene más destino que escribirse y quien [la] escribe queda necesariamente fuera del texto. La historia es externa; la memoria, eterna.



La memoria pide la palabra y se hace con palabras que discurren. Y si no son de aire sino escritas, se desprenden del texto; gravitan. La ráfaga de humanidad no construye cultos ni templos, se queda a ras de vida. Ese desprecio por lo fijo, lo aprovecha el Poder para levantar efigies en piedra o bronce. La memoria oficial borra los cuerpos y su presencia casi humana para imponer el respeto mudo, la imagen vacía de los héroes. La memoria del poder se construye con duros materiales porque su sueño es la petrificación. No hay poder eterno, [vana ilusión], pero el poder sueña la eternidad y la reclama para sí, remedándola en la finitud de la materia.

No cabe duda de que los raptos de humanidad profunda existen y se expresan en las distintas formas que en la cotidianidad asumen las imágenes de los héroes y las heroínas, éstas por cierto hace rato más cerca del pueblo que de la historia oficial. Menos madres votivas que lanzas aguerridas.

Las multiplicadas réplicas copian el gesto heroico, el perfil mayestático, la medalla, la apostura celestial, la mirada y la frente altivas, serenas, infinitas. No importa la calidad del artista o de la obra, el gesto en esencia es el mismo, el cuerpo se yergue vigoroso y el pecho ostenta plenitud. Las formas de la eternidad se reproducen incluso en baratijas: los mismos ojos negros atraviesan el tiempo y nos interpelan.

Aparece Bolívar para decimos, pese a la distorsionada historia oficial que alabó las formas despóticas del poder, que ciertos hombres y mujeres existieron y dieron sus vidas -y lo perdieron todo- por la Patria -venciendo el olvido-. Las oligarquías volvieron piedra el recuerdo de los Padres de Todos y abusaron de sus nombres para rubricar fingidamente sus destinos, para crearse abolengos heroicos. Fueron también los más decididos a borrar la humanidad, los dolores, los sacrificios y pesares de quienes se volvieron, porque la vida es pertinaz, rumor secreto, digna rabia de los pobres.

Cuando su humanidad, cuando el Bolívar de carne y hueso, el que atravesó el continente afiebrado, conmoviendo ejércitos de desharrapados para dar cumplimiento a lo que parecía imposible. Cuando lo vemos compartir la soldada y la soldadesca. Cuando lo vemos caer y levantarse, comprender y avizorar el futuro. Cuando definitivamente aparece cada cien años, es porque los pobres lo invocan, porque se hace coro en las bocas.

Cada tanto, el nombre de Bolívar vuelve en los rostros curtidos de los olvidados de esta tierra la misma que tantas veces cabalgó trajinando su sueño de Patria Grande. Cada tanto, baja, literalmente de la piedra, del bronce, del recuerdo pétreo de las oligarquías y de sus papeles oficiales. Pero sabemos con una certeza de hierro, que su nombre no será utilizado
nuevamente en vano -y burlado- por aquellos que desde 1830 celebran su «muerte». Para ellos Bolívar no volverá a nacer. Con la misma fuerza no obstante, sospechamos que su nombre, hoy, de boca en boca en la América morena, en Nuestra América, en la insurgente Abya Yala, con la misma fuerza que reclama nacimiento, nos acompaña en su esfuerzo de seguir vivo y, a nuestro lado lucha.

Su lucha como aquella, es la nuestra, y de nuevo pende sobre la historia hecha memoria el apotegma de Walter Benjamin: «ni los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence».

¡Necesario es vencer! 
 
Publicado en el blog de José Javier León